Versos de un antiguo noviembre

Releyéndome, encuentro antiguos versos perdidos entre mis escritos.  Releyéndome, recuerdo lo que una vez aprendí un antiguo noviembre.

 Curiosa la belleza física como va y viene,

cómo se esconde y aparece.

Miedo a que esa belleza sea inventada,

miedo a querer verla de una manera determinada.

Miedo a querer por voluntad,

miedo a obligarme a que me pueda gustar.

Otra vez pensando demasiado.

Miedo a que no sea real.

Pero ella estuvo aquí,

pero yo fui real cuando sentí el anhelo a su marchar.

Pero mi cuerpo estaba vivo cuando se acercaba atraído por su gravedad.

Pero sentí su peso en mi hombro cuando su cabeza dejó reposar e incliné la mía para poderla tocar, cuando rocé con mi dedo su brazo y me gustó su presencia en mi espalda cuando estuvo cerca.

Y entonces qué será la belleza si eso no es capaz de reflejar. Por qué no es bella?

Soy yo la que se refleja.

Soy yo la que se enamora de un momento, de mi sentimiento, de mi apariencia,

de mi disfrutar con sus historias, de mi risa con ella,

de lo que hablo y expreso, de lo que opino,

de ser libre y abierta,

de mi estar, consciente, de mi ser, presente.

Gracias niña de las montañas,

gracias torre inquieta,

por permitirme sentir el amor por mí y mis rarezas.

Sí, me gustó conocerla.

Me gusta quien soy cuando escucho,

me gusta quien soy cuando río,

me gustan los vinos y mis silencios,

me gusta lo que siento cuando no pienso,

me gustan mis latidos

y me divierte mi cabeza.

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