Versos de un antiguo noviembre

Releyéndome, encuentro antiguos versos perdidos entre mis escritos.  Releyéndome, recuerdo lo que una vez aprendí un antiguo noviembre.

 Curiosa la belleza física como va y viene,

cómo se esconde y aparece.

Miedo a que esa belleza sea inventada,

miedo a querer verla de una manera determinada.

Miedo a querer por voluntad,

miedo a obligarme a que me pueda gustar.

Otra vez pensando demasiado.

Miedo a que no sea real.

Pero ella estuvo aquí,

pero yo fui real cuando sentí el anhelo a su marchar.

Pero mi cuerpo estaba vivo cuando se acercaba atraído por su gravedad.

Pero sentí su peso en mi hombro cuando su cabeza dejó reposar e incliné la mía para poderla tocar, cuando rocé con mi dedo su brazo y me gustó su presencia en mi espalda cuando estuvo cerca.

Y entonces qué será la belleza si eso no es capaz de reflejar. Por qué no es bella?

Soy yo la que se refleja.

Soy yo la que se enamora de un momento, de mi sentimiento, de mi apariencia,

de mi disfrutar con sus historias, de mi risa con ella,

de lo que hablo y expreso, de lo que opino,

de ser libre y abierta,

de mi estar, consciente, de mi ser, presente.

Gracias niña de las montañas,

gracias torre inquieta,

por permitirme sentir el amor por mí y mis rarezas.

Sí, me gustó conocerla.

Me gusta quien soy cuando escucho,

me gusta quien soy cuando río,

me gustan los vinos y mis silencios,

me gusta lo que siento cuando no pienso,

me gustan mis latidos

y me divierte mi cabeza.

Seguir

Salí a correr sin sentido, sin rumbo, sin objetivo
Salí a correr sin una meta, casi sin saber el motivo
Salí y seguí corriendo sin saber por qué ni por dónde
Seguí cuando empecé a notar que los pensamientos se iban quedando atrás
Seguí cuando mis piernas me empezaron a gritar
Seguí, sin parar, aun cuando noté molestias y vi obstáculos
Seguí, sin dar marcha atrás, ante la incertidumbre, el miedo, la oscuridad
Seguí hasta que la encontré a ella, mirándome, iluminándome
Seguí hasta que sólo sentía mi respiración y agoté las baterías
Seguí, oyendo sólo el ruido de mis zapatillas
Seguí, hasta que conté 13
Y, entonces, llegué, paré y me di cuenta
Una sonrisa en mi cara
Y, entonces, me di cuenta

Sólo siguiendo adelante, descubriré la razón de seguir

¡Para!

Rara. Acelerada.  Perdida. Deambulaba.

Con la sensación de mucho que hacer y sin recordar el qué.

Con las ganas de parar, relajarme y desconectar la mente, las pantallas y las redes.

Ambición. Ansia. Seguidores. Ventas.  Comentarios y estrellas de Amazon. Reseñas. Visibilidad, compartir. “Me gusta”.  Más.

¿Cuánto más quiero?

¿Dónde está el freno?

Escribir.

¿Cuándo escribo? ¿Cuándo vuelvo a ser yo? ¿Cuándo respiro? ¿Cuándo camino sin ir a ningún lugar? ¿Cuándo me bajo del tren de alta velocidad? ¿Cuándo cruzo la meta? ¿Cuándo llego al final?

Busco el momento y el lugar. Silencio. Miro al cielo.

Absorbida por un mundo virtual.  Sopla viento y las nubes encapotan mi techo.

No.

Respiro.  Escucho más allá de la música, más allá del ruido y, a lo lejos, oigo.

Me lanzo, ya sin pensar.

Y, entonces, siento la melodía fluyendo desde mis entrañas hasta brotarme nuevos versos. Gota a gota de entre los dedos. Acariciándome. Diciéndome: ya estás aquí, ya has llegado. No te preocupes, ya has vuelto.

Mi cuerpo se relaja.  Sonrío y veo azul el cielo, como si fuera nuevo.

Infección vital

Me contagio de momentos, espíritus y sentimientos

que se van cruzando por la senda

haciéndome tropezar, caer o embobar.

Para ponerme de nuevo en pie

busco a tientas,

cerrando mis ojos por no ver los monstruos

que en el pensar acechan,

que hasta morder pueden

cuando, con ellos, al escondite juegas.

Me contagio de momentos, espíritus y sentimientos

cuando mi corazón resuena entre risas, abrazos y destinos

inseguros, intestables y otros perdidos

y entre tanto, encuentro bellas

las miradas que recuerdan el olvido,

las palabras que acallan

al torbellino que quiere romper lo que encuentra en el camino

y las decisiones que se saben perdedoras en la razón

pues escogen, en el azar, a los náufragos del río.

Me contagio de momentos, espíritus y sentimientos

pues, a ratos, canto, bailo y vuelo,

caigo, muerdo y pienso,

corro, nado… y creo

que no puedo, que no llego, que me muero.

Luego lloro, y sí puedo, llego y vivo sientiendo

por cada poro del cuerpo,

el físico y el etéreo,

Y sigo;

creo e invento,

busco a manos abiertas,

leo en el miedo con luz creadora

letras que escribo, letras que vivo,

letras que cuentan

que me contagio de momentos, espíritus y sentimientos;

letras que muestran

que soy una y cientos,

única e igual,

polvo del firmamento.

 

 

Las cosas que pienso

Soy capaz de emocionarme con las cosas que pienso. ¿Sabes que pensé una vez? Que me tocaba la lotería. Sí, es cierto, eso lo sueña todo el mundo. Pensé, imaginé, visualicé y lloré. Decidía emprender un viaje, sin retorno, sin saber a dónde, un triatlón continuo a lo largo de la costa, y viviendo en una autocaravana. Correr, nadar y montar en bici, hacer kilómetros, siempre en línea recta, hacia delante, sin mirar atrás. Cada día distinto, cada día empezar en un lugar distinto y acabar en otro. Y en esa decisión, le hacía una pregunta a mi chica. Ella debía decidir si venir o no.

“No te voy a dar dinero para que compres cosas, no voy a darte una parte del premio, ni te las voy a comprar yo. Sólo he venido a ofrecerte compartir mi camino, mi viaje a ninguna parte. Sólo puedo ofrecerte un lugar donde dormir, comida y mi compañía, nada más. No puedo darte nada más. No tengo ni tendré más, no quiero tener más.”

– ¿Y ella qué respondió?

A veces no hay que decir nada para saber una respuesta. Los ojos hablan por nosotros cuando no nos salen las palabras. Le di un beso y le dije que la quería y la querría siempre. Me giré y me marché sin mirar atrás.

 

– ¿Por qué querrías huir? ¿De quién?

Entonces volví a pensar y a imaginarme sola, muy lejos, sentada en el suelo, cansada y preguntándome: ¿qué hago aquí, si aquellos de los que huía son los únicos que me acompañan, son los que yo llevo conmigo? Por mucho que corra, por muy lejos que vaya, no se irán si yo no los suelto, los libero, si yo no los dejo ir.

– ¿Y, entonces, volviste?

Y, entonces, sonreí y empecé a ver lo que tenía delante de mis ojos.

Extenuación cardíaca

Exhausta

con los músculos inmóviles

y la mente incapaz de discurrir

¿necesito comer, beber, dormir?

Oigo voces aclamando un resultado deportivo

con el mismo oído

anoche, las voces cantaban versos de injusticia

¿forman parte del mismo mundo? Quién lo diría.

He llorado una frustración

he satisfecho una pasión

y después olvido.

Elimino todo a mi alrededor

¿qué me queda?

¿qué soy yo?

Felicidad

Libertad

Amor

¿Cómo dar ese calor?

¿Cómo repartir consuelo entre las voces?

¿Cómo despertar la compasión entre las almas?

¿Cómo transmitir el silencio?

¿Cómo ser paz en guerra?

¿Cómo ser amor en la desconexión?

Veo odio, rabia e impotencia

veo dolor

veo ansias, expectativas y fervor

veo dolor

veo prisa, consumismo y pereza

veo dolor

veo desesperanza y desesperación

veo dolor.

Y también veo amor en las cosas pequeñas

veo el verde y descanso

veo el ancho azul y me calmo

veo estrellas, ellas saben que ya todo pasó

veo detrás de todas las miradas, palabras y gestos un corazón.

Corazones perdidos, corazones dormidos, corazones dolidos, corazones sin latido

corazones cosidos, corazones cansados, corazones entregados y corazones vivos.

Aquí el mío

ablando con unas gotas de piano

hablando con versos inventados

vibrando con besos deslenguados

amando.

Aquí el mío

buscando resquicios ocultos y maltrechos

por llegar a todos los ventrículos deshechos

enfermos y desahuciados

con la luz del que fue una vez, también, desamparado.

Aquí el mío

sonríe al miedo, al dolor y al esperpento

acuna al desangrado violento

y sueña con volar y contagiar sus pulsaciones

a ti y a los demás,

a viejos y nuevos.

Sonríe corazón,

vive, siente, sueña, besa, creete y crea

Ama lo feo, lo malo en ti y en el de al lado

lo diminuto, lo insignificante y lo poco valorado

lo barato, lo fácil y lo que parece complicado.

Ama corazón como respuesta,

rompe las cadenas, torpezas y maldades

con tu verdadera fuerza,

sonriendo,

hasta quedarte exhausta

con los músculos inmóviles

y la mente incapaz de discurrir

simplemente, amando.

Una mañana cualquiera

Una mañana para olvidar.

Una mañana que no ha sido diferente a las demás.

Una mañana de hastío.

Una mañana que me ha servido para saber

que hago lo que no quiero y pensarlo,

me cansa y me deja sin fuerzas,

con la mente creando lugares y vidas en las que embarcarme.

Cualquier lugar menos esta mañana.

 

Y ahora necesito escribir mis lágrimas secas,

llorar palabras de lamento y tristeza,

desatando los dolores

y liberando gota a gota la inercia

de una vida contando monedas,

calculando cuándo, cómo y dónde,

buscando respiro en la verde belleza.

Sueños que mienten en mi cabeza

Ilusa

Perdida

Deambulante

Pájaros que resuenan.

Y es que aun sigo en piedra

No alcanzo al manantial que me reblandezca

No toqué fondo

Así que toca tirarme de cabeza

a los brazos del abismo

y gritar con fuerza

Que yo no quiero,

Que yo no sigo,

Que yo no soy ésta.

 

Y entonces,

¿quién busca

quién ama,

quién versa?

¿Quién corre, salta y juega?

¿Quién es la que siempre está?

¿Quién es la que, en la oscuridad, observa?

¿Quién es la que sabe que esta letanía de letras

me abraza y consuela?

 

El momento

Todo llega y todo pasa

Pasa el dolor

y el ánimo descafeinado

Pasa el amor

y el desenfreno apasionado

Pasa el frío

el calor

Queridos, buscados, odiados

Pasa un sólo día

y un largo marzo

Paso yo

andando con garbo

Paso otra vez

tropiezo y caigo

Pasa la vida

viviendo o no

pasa de largo

Llego hoy aquí

paso el momento

y de nuevo ha llegado.

Camino de pasos ¿a dónde llegas?

“Yo soy el andar, el vivir, el amar

no tengo fin ni meta

y con sólo pasar

mi ser se llena.”

Cuerda locura o locura cuerda

Hay palabras y frases

retumbando por mi cabeza

discordantes, disonantes

me apabullan, me asombran.

No sé si es delirio febril o más bien certero

¿Qué es la realidad?

¿Qué es la verdad?

Mi juicio perdido en el encierro.

Desconfio de la vista, del oído

y de los besos

¿Y la existencia?

¿existe o es también un sueño?

¿Y si los locos me parecen cuerdos?

 

En el límite de la cordura me encontré una vez

¿he vuelto o jamás me alejé?

Me gustan los locos

los leo

los entiendo y no entiendo

y, no entendiendo, sigo leyendo

buscando por si alguno se pareciera a mí.

Y si lo encuentro, ¿enloqueceré?

¿o enloquezco al buscar delirios y tormentos?

 

Una sombra planea en mi cielo

Yo la miro con recelo

Y, mientras miro, sé

cerca o lejos

la veo, la observo

no está aquí

sólo habita en el dolor, la soledad y el miedo.

 

¡Vuelve niña al cuerpo!

Corre, danza y grita en verso

Ama con la manos

Y sentir el silencio.

Si es cordura o locura, no lo acierto

Más, ¿para qué querría yo saberlo?

si mi camino es el mismo

sea prosa o verso.

 

La luz que me guía

Un día te levantas y lo sabes.  Sabes que no estás bien, que necesitas ayuda y que no puedes continuar tal y como estás.  Lo sabes pero no lo quieres ver.  No quieres mirarte al espejo para no verlo.  No quieres pararte ni a respirar para no saberlo.  Pero llega ese día en que piensas que has tocado fondo, no puedes aguantarlo más y que tiene que haber algo que te alivie la explosión contenida en el pecho.   Entonces, te levantas y deambulas buscando algo, una poción mágica que se lo lleve todo y te permita seguir.  Pero no lo encuentras porque no existe.  No existe cura ni remedio milagroso.  No existe ese algo pero sí existe alguien.  Hay alguien que no conoces que vibra en tu dirección y que conecta con tu mirada al cruzarse en tu camino.  Tus pasos retoman el control del resto del cuerpo y, como si tuviese un campo magnético, te llevan ante esa persona sin darte cuenta.   Ahí, ante ella, tus ojos se encuentras con los suyos y pierdes de vista el mundo que existe a su alrededor.  El mundo exterior se desvanece y empieza a brotar, a rebosar de manera desbocada y sin control lo que guardas en secreto, lo que te oprime el pecho, lo que te mata por dentro.  Ella escucha.  Sólo escucha y mira a tus ojos, a tus manos y a tu ser.  Y, como un ser mágico, se infiltra en ti a través del pequeño agujero que has abierto en tu búnker, tu coraza.   Porque es así, has hecho lo más difícil e impensable, has abierto una rendija sin darte cuenta para que ella entre.  Una vez dentro, se expande, rompiéndote y apoderándose de tu interior.  En ese momento, te das cuenta de que ha entrado para quedarse.   Ella ha sentido tu llamada y ha hecho lo que le has pedido sin pedir, lo que necesitabas sin saberlo.  Y te muestra tu libertad para ser lo que ya eres y que desconoces.  Te descubre mostrando a tus propios ojos esa persona que eres y que ni siquiera habías visto.   Te la presenta y te enseña a conocerla y amarla por ser quien es, por ser YO.

Ella es luz.  La luz que me guía.

Gracias por ser quien eres, por aparecer en mi camino y guiarme en mi despertar.  Gracias luz que me guiaste a encontrar la llave del búnker.